No es lo mismo California que Louisiana. No es lo mismo planos cenitales de enrevesadas y rutinarias autopistas que de húmedas e hipnotizantes ciénagas. No es lo mismo el mito de Carcosa que una venganza disfrazada de asesinato. No es lo mismo una magnética pareja protagonista que un insulso trío al que se le acopla un satélite. No es lo mismo huir de una hedonista fiesta privada que escapar, mediante espectacular plano secuencia, de una redada policial. No es lo mismo el rutinario asalto a una clandestina fábrica de drogas que entrar en la esotérica boca del lobo. No es lo mismo la embarullada segunda temporada de "True detective" que la magistral primera.
Había muchas esperanzas depositadas en esta segunda temporada que finalmente no han fructificado. Posiblemente la salida del tándem de Cary Joji Fukonaga haya tenido bastante que ver, memorables fueron sus composiciones, insinuantes y contundentes a partes iguales, aunque la mayor parte de sus defectos habría que endosársela a Nic Pizzolatto.
El gran problema de esta temporada hay que achacárselo al guion. No ha hilado fino Pizzolatto, toca muchos palos, demasiados, y esa indefinición se vuelve en su contra. No sabemos si nos quiere contar una historia de gánsters, de revanchas, de corrupción, de trata de blancas, de sectas, ...; todo mezclado de manera heterogénea, un batiburrillo donde nada está demasiado claro y reina la confusión. Así hasta llegaral punto final de la historia, donde se constata que toda la trama está basada en una simple venganza, por lo que además uno se siente (bastante) estafado.
Tampoco acompaña que sus personajes principales tampoco den la talla, y eso que todos se encuentran marcados y atormentados por su pasado. Empezamos por el detective Ray Velcoro (Colin Farrel), un hombre que vive con el pesar de matar al violador de su ex-esposa, la cual en estos momentos duda de la paternidad de su hijo; seguimos con la sargento ¡Antígona! Bezzerides (Rachel McAdams), una mujer con sed de venganza - ahí la vemos entrenando infatigablemente ante su adversario de madera - debido a su traumático pasado; continuamos con oficial Paul Woodrugh (Taylor Kitsch), cuya orientación sexual se encuentra reprimida; y finalizamos con Frank Semyon (Vince Vaughn), el gánster que le pasó el nombre del violador a Velcoro y que lucha por superar una infancia deprimente que le persigue, a lo largo del relato, mediante la figura de unas cuencas de los ojos. La química entre todos destaca por su ausencia, especialmente en la relación entre Velcoro - Semyon, Vaughn es incapaz de dar credibilidad a su creído personaje. Cada uno de ellos parece que va por su lado, aunque el trío protagonista alcanza algo de compenetración en los últimos episodios. A lo anterior hay que añadir que los múltiples y guadianescos secundarios tampoco acompañan. Más planos que una tabla y sin ninguna arista que corte, no pasan del típico personaje esterotipado.
Poco más se puede añadir a esta fallida segunda temporada, bueno, algo sí; hasta el final es aséptico.
martes, 25 de agosto de 2015
domingo, 16 de agosto de 2015
Acatando la justicia
David Simon, el cerebro tras "The wire", estrena nueva miniserie. La HBO confía en un proyecto postergado en el tiempo, "Show me a hero", basado en los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Yonkers, cuando el alcalde se vio obligado por la justicia en 1988 a construir viviendas para los negros, en barrios habitados por blancos. Ya os imagináis que pudo pasar.
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| Un alcalde en la encrucijada. |
sábado, 15 de agosto de 2015
Ciudad fresquita
Desde hace mucho tiempo se especulaba con el nuevo disco de Joanna Newsom. "Divers" ya tiene fecha de salida, el 23/10. Como adelanto, el sencillo "sapokanikan", donde Paul Thomas Anderson le devuelve el favor dirigiéndola, tras su aparición en su película "Puro vicio".
miércoles, 1 de julio de 2015
The Americans, tercera temporada
Hay dos palabras que pueden definir la tercera temporada de "The americans": violencia, física y mental; e hijos, o en un sentido más amplio, la relación de éstos con sus progenitores. Lo mejor, o peor para los protagonistas, es que ambas van de la mano en algunas fases de las distintas tramas de la serie.
En muchos momentos de la temporada duele mantener la vista en el televisor, mientras cuerpos inertes son sometidos a la rotura de sus articulaciones para hacerse sitio en una maleta; se caldea el ambiente cuando la venganza de un pueblo se personifica con un bote de gasolina y un neumático; se para el tiempo, como en "Cortina rasgada" de Alfred Hitchcock, contemplando cómo matar con tus manos nunca es tarea sencilla, ... A un nivel más familiar, el de los Jennings naturalmente, tampoco hay que olvidar que tener al dentista en casa sea una buena idea y recordar que usar a los hijos como medio para obtener una victoria, está abocado al fracaso.
Tras el final de la segunda temporada, estaba claro que Paige se iba a convertir en el hilo conductor de ésta tercera. Si el final de la primera temporada hacía que el matrimonio Jennings se oficializara a nivel doméstico y dejara de ser una simple apariencia, tomar partido por el Partido, vuelve a pasar factura. Elizabeth siempre ha sido la que ha demostrado que la patria está por encima de su propia vida; en cambio, Philip, ya ha tenido momentos donde ha pensado dejarlo todo y vivir como un ciudadano estadounidense ejemplar, no tiene ganas de volver a la Unión Soviética y sufrir penurias. Así que ante la disyuntiva que se les presenta, las posiciones no pueden ser más encontradas y cada uno de ellos jugará sus bazas para obtener su favor.
Pero al contrario que Dana Brody de "Homeland", Paige sí tiene algo entre los hombros. Desde el inicio de la serie, y con múltiples pinceladas - "The Americans" se asemeja a un excelso cocido, donde una gran cantidad de ingredientes se van añadiendo en las cantidades precisas, hirviendo a fuego (muy) lento -, comprobamos como Paige analiza su entorno familiar y ve que tiene un funcionamiento fuera de la norma: padres ausentes fuera de su horario laboral, huidas nocturnas provocadas por llamadas de última hora, mucha vida social en la lavandería, ... Cada vez cargada de más interrogantes y menos respuestas, busca ese apoyo que le falta, sobre todo moral, en el cristianismo, y su sentido de la culpabilidad anexado. Así hasta que llega la gota que colma el vaso y Paige les suplica que si realmente la quieren, que le digan la verdad.
Y la obtiene, aunque no sea lo que ella esperaba. Sus padres son espías rusos y sólo ella y nadie más que ella, debe saberlo. Los sentimientos de incredulidad aumentan en ella, incapaz de comprender la gran farsa que ha sido su vida. Por ello busca acomodo en el Padre Tim y su esposa, que ya llevaban un tiempo actuando como padres a la sombra, usurpando el papel que los Jennings deberían tener, si no fuera por su agenda oculta.
Este juego de espejos se vuelve a repetir a lo largo de la temporada, profundizando en las heridas en nuestros protagonistas. Por un lado se encuentra el agente Beeman, sólo a la deriva tras su fracaso matrimonial, que no acaba de aceptar, y con un hijo al que no es capaz de comprender en su paso por la adolescencia. Pero gracias al apoyo de Philip y sus encuentros en las salas de terapia, y a la presencia del joven Henry en su nueva vida familiar, la vida se hace menos pesarosa. A lo anterior hay que sumarle su labor como agente del FBI, una tarea a tiempo total.
Si parecía que su olfato se había oxidado tras su relación rota con Nina, ahora vuelve con bríos renovados. Ahí están sus nuevas víctimas: Zinaida Preobrazhenskaya (Svetlana Efremova), la desertora enganchada a las barritas de chocolate y que dice todo aquello que su público quiere escuchar; y Oleg Burov, que aún no sabe que ha caído en la tela de araña. Aún hay otra más, de la que hablaré más adelante.
Pero aún existe otro juego de espejos más endiablado. Asemejándose a la tercera ley de Newton, existe una acción/reacción entre la relación Philip/Paige y Philip/Kimberly (Julia Garner), la hija adolescente del jefe del grupo afgano de la CIA. Si en casa es el padre ausente, en su trabajo es la pareja de la adolescente. Todo aquello que Kimberly, Kimmie para los amigos, le cuenta a Philip con respecto a su (inexistente) relación con su padre, es justo lo que Paige le reclama como padre; una figura de apoyo con quien compartir sus momentos, tanto los altos como los bajos.
Pero es que además, a Philip se le acumula el trabajo. Su idílica relación con Martha, kamasutra de por medio, tiene que pasar por la prueba de fuego, el descubrimiento de que su esposo Clark no es quien aparenta ser. Tras el descubrimiento del micro en el boli de Gaad, todo el mundo es presuntamente culpable para el inquisitivo Walter Taffet (Jefferson Mays), incluso el propio Gaad. Esta revelación, no la del boli sino la aparición de Taffet, hace que Martha dude del significado de su vida. La actuación de Alison Wright es inconmensurable, mostrándonos con su simple presencia toda una gama de sentimientos (miedo, inseguridad, traición, ...) sin necesidad de decir una palabra.
Así que para que el dream team de los espías no se les vaya nada de las manos, le ponen un nuevo jefe, Gabriel (Frank Langella). Su antiguo mentor se reúne con ellos en un piso franco, dejando atrás las citas en lugares siniestros, aunque su relación de amistad irá derivando en animadversión. El hombre de los regalos, con su lenguaje conciso (ahí están esas partidas de Scrabble que sustituyen al ajedrez), intenta reconducir la situación en que se encuentran los Jennings a favor de la causa, siguiendo las indicaciones de sus superiores, algo que a Philip, otra vez él, cada vez le causa una mayor presión, hasta el punto de que la cuerda se tensa demasiado.
Y al final, volvemos al principio. En el último episodio no tenemos un cliffhanger mayúsculo, aún podía haber sido peor la confesión de Paige, aunque sí varios frentes abiertos en espera de respuesta, que como bien sabemos, se irán mostrando poco a poco en una ya confirmada cuarta temporada. Y claro, también que hay otra palabra para definir la tercera temporada: magistral.
En muchos momentos de la temporada duele mantener la vista en el televisor, mientras cuerpos inertes son sometidos a la rotura de sus articulaciones para hacerse sitio en una maleta; se caldea el ambiente cuando la venganza de un pueblo se personifica con un bote de gasolina y un neumático; se para el tiempo, como en "Cortina rasgada" de Alfred Hitchcock, contemplando cómo matar con tus manos nunca es tarea sencilla, ... A un nivel más familiar, el de los Jennings naturalmente, tampoco hay que olvidar que tener al dentista en casa sea una buena idea y recordar que usar a los hijos como medio para obtener una victoria, está abocado al fracaso.
Tras el final de la segunda temporada, estaba claro que Paige se iba a convertir en el hilo conductor de ésta tercera. Si el final de la primera temporada hacía que el matrimonio Jennings se oficializara a nivel doméstico y dejara de ser una simple apariencia, tomar partido por el Partido, vuelve a pasar factura. Elizabeth siempre ha sido la que ha demostrado que la patria está por encima de su propia vida; en cambio, Philip, ya ha tenido momentos donde ha pensado dejarlo todo y vivir como un ciudadano estadounidense ejemplar, no tiene ganas de volver a la Unión Soviética y sufrir penurias. Así que ante la disyuntiva que se les presenta, las posiciones no pueden ser más encontradas y cada uno de ellos jugará sus bazas para obtener su favor.
Pero al contrario que Dana Brody de "Homeland", Paige sí tiene algo entre los hombros. Desde el inicio de la serie, y con múltiples pinceladas - "The Americans" se asemeja a un excelso cocido, donde una gran cantidad de ingredientes se van añadiendo en las cantidades precisas, hirviendo a fuego (muy) lento -, comprobamos como Paige analiza su entorno familiar y ve que tiene un funcionamiento fuera de la norma: padres ausentes fuera de su horario laboral, huidas nocturnas provocadas por llamadas de última hora, mucha vida social en la lavandería, ... Cada vez cargada de más interrogantes y menos respuestas, busca ese apoyo que le falta, sobre todo moral, en el cristianismo, y su sentido de la culpabilidad anexado. Así hasta que llega la gota que colma el vaso y Paige les suplica que si realmente la quieren, que le digan la verdad.
Y la obtiene, aunque no sea lo que ella esperaba. Sus padres son espías rusos y sólo ella y nadie más que ella, debe saberlo. Los sentimientos de incredulidad aumentan en ella, incapaz de comprender la gran farsa que ha sido su vida. Por ello busca acomodo en el Padre Tim y su esposa, que ya llevaban un tiempo actuando como padres a la sombra, usurpando el papel que los Jennings deberían tener, si no fuera por su agenda oculta.
Este juego de espejos se vuelve a repetir a lo largo de la temporada, profundizando en las heridas en nuestros protagonistas. Por un lado se encuentra el agente Beeman, sólo a la deriva tras su fracaso matrimonial, que no acaba de aceptar, y con un hijo al que no es capaz de comprender en su paso por la adolescencia. Pero gracias al apoyo de Philip y sus encuentros en las salas de terapia, y a la presencia del joven Henry en su nueva vida familiar, la vida se hace menos pesarosa. A lo anterior hay que sumarle su labor como agente del FBI, una tarea a tiempo total.
Si parecía que su olfato se había oxidado tras su relación rota con Nina, ahora vuelve con bríos renovados. Ahí están sus nuevas víctimas: Zinaida Preobrazhenskaya (Svetlana Efremova), la desertora enganchada a las barritas de chocolate y que dice todo aquello que su público quiere escuchar; y Oleg Burov, que aún no sabe que ha caído en la tela de araña. Aún hay otra más, de la que hablaré más adelante.
Pero aún existe otro juego de espejos más endiablado. Asemejándose a la tercera ley de Newton, existe una acción/reacción entre la relación Philip/Paige y Philip/Kimberly (Julia Garner), la hija adolescente del jefe del grupo afgano de la CIA. Si en casa es el padre ausente, en su trabajo es la pareja de la adolescente. Todo aquello que Kimberly, Kimmie para los amigos, le cuenta a Philip con respecto a su (inexistente) relación con su padre, es justo lo que Paige le reclama como padre; una figura de apoyo con quien compartir sus momentos, tanto los altos como los bajos.
Pero es que además, a Philip se le acumula el trabajo. Su idílica relación con Martha, kamasutra de por medio, tiene que pasar por la prueba de fuego, el descubrimiento de que su esposo Clark no es quien aparenta ser. Tras el descubrimiento del micro en el boli de Gaad, todo el mundo es presuntamente culpable para el inquisitivo Walter Taffet (Jefferson Mays), incluso el propio Gaad. Esta revelación, no la del boli sino la aparición de Taffet, hace que Martha dude del significado de su vida. La actuación de Alison Wright es inconmensurable, mostrándonos con su simple presencia toda una gama de sentimientos (miedo, inseguridad, traición, ...) sin necesidad de decir una palabra.
Así que para que el dream team de los espías no se les vaya nada de las manos, le ponen un nuevo jefe, Gabriel (Frank Langella). Su antiguo mentor se reúne con ellos en un piso franco, dejando atrás las citas en lugares siniestros, aunque su relación de amistad irá derivando en animadversión. El hombre de los regalos, con su lenguaje conciso (ahí están esas partidas de Scrabble que sustituyen al ajedrez), intenta reconducir la situación en que se encuentran los Jennings a favor de la causa, siguiendo las indicaciones de sus superiores, algo que a Philip, otra vez él, cada vez le causa una mayor presión, hasta el punto de que la cuerda se tensa demasiado.
Y al final, volvemos al principio. En el último episodio no tenemos un cliffhanger mayúsculo, aún podía haber sido peor la confesión de Paige, aunque sí varios frentes abiertos en espera de respuesta, que como bien sabemos, se irán mostrando poco a poco en una ya confirmada cuarta temporada. Y claro, también que hay otra palabra para definir la tercera temporada: magistral.
domingo, 14 de junio de 2015
Pinturas guerreras
Hudson Mohawke, el alias bajo el que se esconde Ross Birchard, está a punto de sacar su segundo álbum tras seis años de silencio, "Lantern", si con contamos sus innumerables producciones para otros compañeros.
Nada mejor que escuchar su sencillo "warriors", para dejarnos los dientes largos.
Nada mejor que escuchar su sencillo "warriors", para dejarnos los dientes largos.
jueves, 14 de mayo de 2015
Un caso a resolver
Hoy es el estreno mundial, simultáneamente en 126 países, de una de las (mini)series más esperadas del año, "Wayward Pines". En lo que parece ser una revisitación al universo de "Twin Peaks", el agente secreto Ethan Burke (Matt Dillon) llega a un pueblo para investigar la desaparición de dos compañeros.
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| El otro agente secreto. |
domingo, 26 de abril de 2015
Carrie & Lowell, de Sufjan Stevens
"Carrie & Lowell". Una madre y un padrastro. Una madre que abandonó a su hijo, Sufjan Stevens, varias veces. Una madre con trastornos esquizofrénicos que murió de cáncer en 2012.
Una vez puestos en antecedentes, es fácil adivinar de qué va el disco. Emociones en carne viva, sinceridad brutal, contradicciones. Amor y odio, culpabilidad y piedad, enfrentamiento y reconciliación. Sufjan se desnuda ante nosotros mostrando todo lo que ha tenido guardado en su interior de manera natural, sin dramatismos ni efectismos.
Para ello bucea tanto en su infancia, como en los últimos momentos en los que estuvo acompañando a su madre en el lecho de muerte. Así, sus textos buscan acomodo en localizaciones de Oregón (quizás podríamos anotar el álbum como uno más en su cuenta atrás de Discos-Estados) donde pasó sus primeros años y a donde volvió en busca de inspiración, tal como se apunta en el libreto. A lo anterior, habría que añadir las constantes referencias a aves, insectos voladores, a la sangre, la mitología y los personajes bíblicos. Todos ellos cohesionados como el perfecto engranaje de un reloj automático.
Tras el exuberante "Illinois" y el electrónico "The age of Adz", Stevens vuelve al folk de sus inicios, "Seven swans", pero con una mayor bagaje a su espalda. Con su voz, guitarra, piano y órgano, principalmente, y algún apunte electrónico, y acompañado por coros insondables y paisajes cinematográficos al final de ciertas canciones, se basta para provocar escalofríos.
Prueba de ello es el tema que abre el disco, "death with dignity", donde la aparición de su madre entre los sauces en la carretera, acaba con un "you'll never see us again" seguido de unos "auuuu" fantasmagóricos. En "should have known better" contrapone el pesar de su madre - tras abandonarlo en un videoclub -, con la luz que le aporta su sobrina; reconciliación que llega con "Eugene": "I want to be near you" por triplicado. Así hasta llegar a "fourth of july", el estertor final: "we're all gonna die".
"Carrie & Lowell", se convierte, por derecho propio, como otra magistral obra al nivel de "Illinoise".
Una vez puestos en antecedentes, es fácil adivinar de qué va el disco. Emociones en carne viva, sinceridad brutal, contradicciones. Amor y odio, culpabilidad y piedad, enfrentamiento y reconciliación. Sufjan se desnuda ante nosotros mostrando todo lo que ha tenido guardado en su interior de manera natural, sin dramatismos ni efectismos.
Para ello bucea tanto en su infancia, como en los últimos momentos en los que estuvo acompañando a su madre en el lecho de muerte. Así, sus textos buscan acomodo en localizaciones de Oregón (quizás podríamos anotar el álbum como uno más en su cuenta atrás de Discos-Estados) donde pasó sus primeros años y a donde volvió en busca de inspiración, tal como se apunta en el libreto. A lo anterior, habría que añadir las constantes referencias a aves, insectos voladores, a la sangre, la mitología y los personajes bíblicos. Todos ellos cohesionados como el perfecto engranaje de un reloj automático.
Tras el exuberante "Illinois" y el electrónico "The age of Adz", Stevens vuelve al folk de sus inicios, "Seven swans", pero con una mayor bagaje a su espalda. Con su voz, guitarra, piano y órgano, principalmente, y algún apunte electrónico, y acompañado por coros insondables y paisajes cinematográficos al final de ciertas canciones, se basta para provocar escalofríos.
Prueba de ello es el tema que abre el disco, "death with dignity", donde la aparición de su madre entre los sauces en la carretera, acaba con un "you'll never see us again" seguido de unos "auuuu" fantasmagóricos. En "should have known better" contrapone el pesar de su madre - tras abandonarlo en un videoclub -, con la luz que le aporta su sobrina; reconciliación que llega con "Eugene": "I want to be near you" por triplicado. Así hasta llegar a "fourth of july", el estertor final: "we're all gonna die".
"Carrie & Lowell", se convierte, por derecho propio, como otra magistral obra al nivel de "Illinoise".
domingo, 12 de abril de 2015
Sugerencias cinematográficas
Si a mediados del año pasado publiqué una entrada con los mejores discos del primer lustro de esta década, ahora el portal AV Club, se decanta por seleccionar las 100 mejores películas del mismo período.
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| La voz de su amo. |
sábado, 11 de abril de 2015
Más ruido que nueces
En los 90s hubo una expolisión musical en España. Desde distintas ciudades, y a veces desde dentro de la misma, y con diversos referentes, asomaron escenas heterogéneas con un perfil DIY, a lo que se le denominó indie. Una vez pasados los años, y con la perspectiva que te da el tiempo, Nando Cruz reflexiona, con la colaboración de los partícipes de aquella burbuja, sobre el fenómeno en su libro "Pequeño circo. Una historia oral del indie en España".
En la entrevista que le realizan en el portal numerocero, razona porqué todo se fue al traste y que se sacó en limpio de aquel espejismo.
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| No tan indies, sí mayúsculos. |
jueves, 9 de abril de 2015
No sin mi trono
En su magnífico y ecléctico "To pimp a butterfly", Kendrick Lamar nos demuestra que el hip-hop no está reñido con otros estilos. Un buen ejemplo de ello, es la intoxicante "king kunta".
domingo, 5 de abril de 2015
Girls, cuarta temporada
Ahora que están tan de moda los reboots en el cine de superhéroes, se podría decir que esta cuarta temporada de "Girls" es un reinicio de ella misma, con la ventaja de que los personajes y las situaciones que habitan en ella son conocidos por los televidentes habituales.
El inicio de la primera temporada y la de ésta tienen el mismo punto de partida, aunque haya habido una evolución entre ambas. Hannah está cenando con sus padres en el mismo restaurante, pero mientras la primera vez se lleva el palo de que no va a seguir siendo una mantenida y de que va a tener que valerse por ella misma, ahora se brinda por su comienzo en el taller de escritura de Iowa, donde podrá demostrar si convertirá en "la voz de su generación, o al menos la voz de una generación".
Debido a este desplazamiento de foco, Hannah se convierte en la protagonista absoluta de la primera parte de la temporada, secundada por su inseparable escudero Elijah, que hará que la (hipotética) pérdida de Adam se haga lo menos dolorosa posible. Pero esa platónica Arcadia se convertirá en un infierno. El taller, o mejor los participantes de él, harán que Hannah vaya perdiendo toda la ilusión y las buenas intenciones con las que accedió al puesto. Acribillada a críticas - si la ficción se basa literalmente en la realidad, no existe un proceso creativo, sino simplemente una traslación de actos vividos a escritos, donde no hay profundidad y la evolución depende del propio escritor, más allá de él no hay nada - y con nula capacidad de autoanálisis - a falta de una esperada disculpa, nada mejor que atacarlos/definirlos de manera individualizada, como si fuera una sesión de exorcismo; todo sólo puede empeorar, la voz se va apagando hasta desaparecer. El deseo, y el ego, se escurren como el agua entre las manos.
Así que nada mejor que volver a casa con el rabo entre las piernas y esperar que tu amado, al cabo de un par de meses de peregrinaje, te reciba con los brazos abiertos. Pues tampoco, Mimi-Rose (Gillian Jacobs) ha ocupado tu lugar.
¿Y quien es Mimi-Rose? Pues el negativo de Hannah, rubia, delgada y, además, cerebral, analítica y pragmática como ella sola. Lo cual provoca aún más dudas en ella: ¿todo lo que Adam necesita está fuera de su alcance? Para reconfortarse, está el episodio "sit-in", en donde pasarán por casa sus amigas y ese gran Ray, para intentar quitar hierro al asunto y consolar, en la medida de lo posible, a nuestra protagonista. Esa duda permanecerá hasta llegar al último capítulo de la temporada, "home birth", donde, de manera sencilla y nada afectada, sacará a relucir sus sentimientos hacia él.
Hablemos ahora del resto del reparto, aquellos que gravitan alrededor de Hannah y que en la temporada pasada quedaron eclipsados por su presencia, lo cual hizo que ésta bajase bastantes enteros. Ese defecto se ha solventado, aunque determinadas subtramas se encuentran mejor definidas y desarrolladas que otras. Si Jessa ha pasado de ser un demonio, utilizando a Adam como cebo para su propio beneficio, a un ángel salvador, imponiéndose a un fatal natalicio, y Shoshanna ha demostrado tener la personalidad suficiente para hacerse un hueco en el mundo, aunque implique alejarse de sus amigas y de su futurible; la relación entre Marnie y Desi, no convence en absoluto. Afortunadamente tenemos a Ray para mostrarnos porqué esa relación está abocada al fracaso. A todo lo anterior hay que incluir el sorprendente giro que se produce en el matrimonio Horvath, que seguro se potenciará en la ya confirmada quinta temporada.
Así que al final, seis meses después del nacimiento de Jessa-Hannah Bluebell Palm, el presente de Hannah en la nívea gran manzana alumbra buenas noticias.
P.D.: Dudo mucho que Desi sea capaz de sacarle partido a los pedales de 2.000 pavos que generaron el sonido de My bloody Valentine.
El inicio de la primera temporada y la de ésta tienen el mismo punto de partida, aunque haya habido una evolución entre ambas. Hannah está cenando con sus padres en el mismo restaurante, pero mientras la primera vez se lleva el palo de que no va a seguir siendo una mantenida y de que va a tener que valerse por ella misma, ahora se brinda por su comienzo en el taller de escritura de Iowa, donde podrá demostrar si convertirá en "la voz de su generación, o al menos la voz de una generación".
Debido a este desplazamiento de foco, Hannah se convierte en la protagonista absoluta de la primera parte de la temporada, secundada por su inseparable escudero Elijah, que hará que la (hipotética) pérdida de Adam se haga lo menos dolorosa posible. Pero esa platónica Arcadia se convertirá en un infierno. El taller, o mejor los participantes de él, harán que Hannah vaya perdiendo toda la ilusión y las buenas intenciones con las que accedió al puesto. Acribillada a críticas - si la ficción se basa literalmente en la realidad, no existe un proceso creativo, sino simplemente una traslación de actos vividos a escritos, donde no hay profundidad y la evolución depende del propio escritor, más allá de él no hay nada - y con nula capacidad de autoanálisis - a falta de una esperada disculpa, nada mejor que atacarlos/definirlos de manera individualizada, como si fuera una sesión de exorcismo; todo sólo puede empeorar, la voz se va apagando hasta desaparecer. El deseo, y el ego, se escurren como el agua entre las manos.
Así que nada mejor que volver a casa con el rabo entre las piernas y esperar que tu amado, al cabo de un par de meses de peregrinaje, te reciba con los brazos abiertos. Pues tampoco, Mimi-Rose (Gillian Jacobs) ha ocupado tu lugar.
¿Y quien es Mimi-Rose? Pues el negativo de Hannah, rubia, delgada y, además, cerebral, analítica y pragmática como ella sola. Lo cual provoca aún más dudas en ella: ¿todo lo que Adam necesita está fuera de su alcance? Para reconfortarse, está el episodio "sit-in", en donde pasarán por casa sus amigas y ese gran Ray, para intentar quitar hierro al asunto y consolar, en la medida de lo posible, a nuestra protagonista. Esa duda permanecerá hasta llegar al último capítulo de la temporada, "home birth", donde, de manera sencilla y nada afectada, sacará a relucir sus sentimientos hacia él.
Hablemos ahora del resto del reparto, aquellos que gravitan alrededor de Hannah y que en la temporada pasada quedaron eclipsados por su presencia, lo cual hizo que ésta bajase bastantes enteros. Ese defecto se ha solventado, aunque determinadas subtramas se encuentran mejor definidas y desarrolladas que otras. Si Jessa ha pasado de ser un demonio, utilizando a Adam como cebo para su propio beneficio, a un ángel salvador, imponiéndose a un fatal natalicio, y Shoshanna ha demostrado tener la personalidad suficiente para hacerse un hueco en el mundo, aunque implique alejarse de sus amigas y de su futurible; la relación entre Marnie y Desi, no convence en absoluto. Afortunadamente tenemos a Ray para mostrarnos porqué esa relación está abocada al fracaso. A todo lo anterior hay que incluir el sorprendente giro que se produce en el matrimonio Horvath, que seguro se potenciará en la ya confirmada quinta temporada.
Así que al final, seis meses después del nacimiento de Jessa-Hannah Bluebell Palm, el presente de Hannah en la nívea gran manzana alumbra buenas noticias.
P.D.: Dudo mucho que Desi sea capaz de sacarle partido a los pedales de 2.000 pavos que generaron el sonido de My bloody Valentine.
¿Nueva espía en casa?
Si en la anterior entrada hablaba de la "Mad men", ahora le toca el turno a "The americans". Su segunda temporada se encuentra en mi top-3 del año pasado, lo cual es de considerar tras un año de bastante nivel.
Hoy se estrena la tercera temporada en Fox , con un poco de retraso, ya que en EE.UU. van por el décimo episodio.
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| El enemigo en casa. |
jueves, 2 de abril de 2015
Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la empresa
El trágico desenlace de la primera parte de la última temporada de "Mad men", implica que todos los socios de Sterling Cooper & Partners afronten los nuevos cambios en la empresa de manera distinta a la que tenían pensado.
Así que ya sólo nos queda disfrutar de la última tanda de siete episodios, que se estrena el próximo domingo 5 de abril en AMC, y comprobar que el viaje a merecido la pena.
domingo, 29 de marzo de 2015
Lluvia de confetis
Jaime xx, el generador de beats de The xx y reputado DJ, anuncia su esperado álbum de debut "In colour" para el 1 de Julio. En el sencillo "loud places", echa mano de su compañera Romy Madley Croft mientras disfrutan con sus skates.
sábado, 28 de marzo de 2015
No sólo de pizza vive el romano
Volver a Roma siempre es un placer visual, y como no, también gastronómico. Aquí os dejo unas recomendaciones, clasificadas por especialidades.
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| Spaghetti Amatriciana. |
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